Sergio Yahni, The Alternative Information Center
La comunidad internacional prefiere no tratar los cinco temas que fueron delegados a las negociaciones finales por los Acuerdos de Oslo, y que nunca llegaron a negociarse. Estos cinco temas, que son el núcleo de la crisis en palestina, tienen referencia directa en la ley internacional, y son el establecimiento de un Estado Palestino, Jerusalén, las colonias israelíes en Cisjordania, las fronteras a las cuales se retirara Israel y el derecho al retorno de los refugiados palestinos.
Mientras tanto, las instituciones políticas y periodísticas internacionales presentan una versión despolitizada de las reivindicaciones palestinas, excluyen las referencias a la ley internacional y favorecen temáticas relacionadas a aliviar la crisis humanitaria o a promover la construcción de una cultura de paz.
No hay nada malo en los esfuerzos para aliviar la crisis humanitaria que sufre la población palestina. Pero la ayuda humanitaria, que no alivia la situación de la población palestina, contribuye a reducir los costos de la ocupación israelí. Si la comunidad internacional obligara a Israel a cumplir con sus obligaciones como poder ocupante seriamos testigos de una mejora significante en la situación humanitaria en Palestina. De acuerdo a la ley internacional y al dictamen de la corte internacional de justicia del 9 de julio del 2004, Israel tendría que derrumbar el muro que ha construido en Cisjordania, desmantelar las colonias en los territorios palestinos ocupados y levantar los bloqueos de carreteras.
Tampoco tiene nada de malo promover la cultura de paz y el dialogo israelí-palestino. Pero, para que el dialogo palestino-israelí sea fructífero este tendría como precondición un acuerdo sobre los cinco temas que fueron dejados de lado por los Acuerdos de Oslo. O sea, un diálogo de posconflicto como el que se llevo acabo en Sudáfrica. Otro diálogo posible podría ser la coordinación en la lucha para que se resuelvan aquellos cinco puntos.
Para que el diálogo sea real, tiene que transformar las relaciones de fuerza existentes entre Israel y el pueblo palestino, porqué sino se trata de un diálogo que reproduce el discurso oficial negando el papel constructivo que podría tener la sociedad civil en la resolución del conflicto.
La contradicción de las voces oficiales de la comunidad internacional es obvia. Para poder conseguir sus objetivos humanitarios y promover una cultura de paz, la comunidad internacional precisa resolución política. Pero los objetivos humanitarios y de construcción de una cultura de paz son para la comunidad internacional una manera de evadir el tratamiento político que requiere la resolución del conflicto.
No obstante empezamos a ver ya un cambio en la actitud de la comunidad internacional frente al conflicto en palestina. En menos de un mes somos testigos de dos eventos de mayor importancia en el ambito internacional.
El primero fue un encuentro de representantes de la sociedad civil palestina, israelí e internacional que se celebró en Bilbao durante el 29, 30 y 31 de octubre de este año. En ese encuentro se trataron estrategias de la sociedad civil para imponer a Israel el cumplimiento de la ley internacional. En el encuentro de Bilbao, organizado conjuntamente por la red vasca Mewando y por organizaciones israelíes y palestinas, se elaboró un documento que resalta tanto porque llama a una campaña en base a los derechos del pueblo palestino y no en base a las formas de resolver el conflicto, sinó también porque adopta el método de boicot, desinversiones y sanciones como forma de presionar a Israel a respetar tales derechos.
El hecho de que el encuentro de Bilbao trate de los derechos del pueblo palestino y no de una fórmula para la resolución del conflicto no puede ser subestimada. Desde 1991 la comunidad internacional ha fracasado en resolver el conflicto en palestina dando prioridad a una resolución política del conflicto y sacrificando los derechos del pueblo palestino.
En Bilbao se ha invertido, o subvertido, esta fórmula dando prioridad a la cuestión de derechos. Esto permite a la sociedad civil retomar su papel de defensora de los derechos básicos del pueblo palestino dejando de ser promotora de soluciones políticas.
Es más, la defensa de los derechos rompe la reproducción de relaciones de fuerza generada en la sociedad política que lleva el proceso de paz de fracaso en fracaso. De por sí, esta ruptura permite relanzar el diálogo palestino-israelí generando nuevas formas de solidaridad.
De igual importancia es el hecho que en el encuentro de Bilbao se haya propuesto una agenda de acción llamando al boicot, las desinverciones y sanciones de Israel. Esta agenda permite la participación de la sociedad civil organizada en el proceso de cambio. En los últimos 17 años la comunidad diplomática capitalizo el proceso de resolución del conflicto marginando a la sociedad civil o relegándola a apoyar procesos ya consumados. En Bilbao se ha subvertido esa fórmula abriendo una puerta para la participación democrática. Ya no se trata de dejar que diplomáticos de carrera intenten de solucionar el conflicto en palestina sacrificando los derechos del pueblo palestino, sino en transformar a los derechos del pueblo palestino en una cuestión pública y transparente.
El segundo evento de importancia ocurrió el 24 de noviembre en las Naciones Unidas. En su discurso frente a la asamblea general de la ONU, Miguel d'Escoto Brockmann, llamó a la organización internacional a apoyar las iniciativas de boicot, desinversiones y sanciones generadas en la sociedad civil.
El discurso de Brockmann crea nuevas alianzas entre este organismo y la comunidad internacional en base al derecho internacional y a las metodologías necesarias para imponerlo. Tal alianza es necesaria como alternativa frente al fracaso de la comunidad diplomática en resolver el conflicto y defender el derecho de las personas.
Tanto el encuentro en Bilbao como el discurso del secretario de la asamblea general de la ONU demuestran que algo empieza a cambiar. Que ha llegado el momento en el cual la comunidad internacional puede y tiene que tomar las riendas para defender los derechos del pueblo palestino sin aceptar el chantaje diplomático constante de Israel. Es más, la formación de nuevas alianzas dentro de la sociedad civil y entre la sociedad civil y los organismos internacionales abren la posibilidad de imponer un nuevo respeto al derecho internacional.
Finalmente, en base al derecho podremos reabrir un diálogo fructífero y duradero entre la sociedad civil palestina e Israel. Queda todavía mucho que hacer, pero algo empieza a cambiar y eso es bueno.
Por Alberto Arce.
El pasado 1 de diciembre, Veronique de Keyser, diputada belga y Portavoz del Grupo Socialista en la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento informaba de que el 4 de diciembre se sometería a la aprobación del parlamento “el upgrading” o nuevo marco de mejora y relaciones ampliadas entre Israel y la UE.
La UE es hoy el primer socio comercial de Israel, después de firmar en 1995 un Acuerdo de Asociación Económica Preferencial que entró en vigor en el año 2000. Dicho acuerdo, aplicado en el marco de la Política de Vecindad Euro-Mediterránea se desarrolla a través de un Plan de Acción Común aprobado por ambas partes (Israel y la Unión Europea) y renovable cada tres años. El 16 de junio, el Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea defendió y aprobó lo que se conoce como “upgrading” (mejora o avance) en las relaciones entre la Unión Europea e Israel. Dicha revisión al alza otorga carta blanca para revisar, mejorando, el Plan de Acción Común vigente en la actualidad, ampliando los ámbitos de aplicación sectorial y sumándole un reconocimiento político muy superior al de otros socios, incluyendo, por ejemplo, la celebración de Cumbres bilaterales UE-Israel.
Diferentes organizaciones de toda Europa han estado movilizándose en diferentes niveles contra la mejora de las relaciones de la UE con el estado hebreo sobre la asunción de que una mejora no condicionada de las mismas suponía una aprobación implícita del bloqueo de la Franja de Gaza y de la ocupación de Palestina. Ante la noticia, comenzaron a comunicarse inmediatamente con los europarlamentarios y, finalmente, ayer se confirmaba el éxito de la gestión de la sociedad civil. Pese a la presencia en el parlamento de la Ministra israelí de Exteriores, Tzipi Livni, con el objetivo de defender la postura israelí –y que tuvo un fuerte enfrentamiento verbal con el eurodiputado de Los Verdes, Cohn-Bendit (judío alemán, para más señas) y que fue seriamente increpada por varios eurodiputados que la acusaban de ser portavoz de un régimen de apartheid- los eurodiputados no se mostraron partidarios de permitir la profundización de relaciones con Israel en este momento.
Por 194 votos a favor (Grupo Socialista, Grupo de Izquierda Unitaria, los Verdes y los Liberales) y 173 en contra (la derecha) se suspendía sine díe la votación que mejoraría el estatus de Israel en Europa. La diputada De Keyser, autora de la moción aprobada, escribía en una carta dirigida a la sociedad civil “quiero agradeceros que hayáis respondido masivamente a nuestra llamada a la acción. Los parlamentarios no han hecho saber que han recibido miles de emails de protesta en torno a esta votación y os felicitan por vuestra acción”. Respecto a los motivos por los cuales el grupo socialista se posicionaba señalaba “Hemos expresado nuestra posición favorable a la participación de Israel en los programas comunitarios, pero la oportunidad política actual, vista la agravación continua de la situación en la Franja de Gaza nos obliga a retrasar la votación apelando a la política de vecindad que surge del Proceso de Barcelona. Dicha política tiene como objetivo asegurar la paz y la prosperidad en la región y los acuerdos de asociación adoptados en este marco están condicionados al respeto de los derechos humanos.”
En otro escrito fechado ayer, el eurodiputado de Los Verdes, David Hammerstein, incidía de nuevo en el principio de condicionalidad: “Ha sido una victoria clara para las personas que creemos que la Unión Europea debe desempeñar un papel más activo a favor de la paz en el Oriente Próximo y para mejorar la situación desesperada del pueblo palestino. El sentido de los oradores a favor del aplazamiento era que solo se puede profundizar las relaciones con Israel en el contexto de un progreso claro hacia la paz y un cambio positivo sobre el terreno para la población palestina en cuanto a movimiento de personas y bienes, el comercio y la situación humanitaria en Gaza. En suma, en el interés del bienestar de israelíes y palestinos la UE debe condicionar la progresiva integración en programas europeos a la firma de un acuerdo de paz entre los dos pueblos y la creación de un estado palestino viable al lado de Israel.”
La “condicionalidad” como respuesta al “compromiso constructivo”.
Para reflejar la postura de los gobiernos de la UE, frente a la voluntad expresada por el Parlamento y la sociedad civil, el pasado día 5 de noviembre, Tomas Svetanska, responsable checo de la próxima presidencia de turno de la UE, definía así el “compromiso contsructivo”: El acuerdo de los estados miembro es reforzar lazos con Israel ya que esto, estrechando los lazos, servirá para que Israel nos escuche en el futuro. Cuanto más importantes seamos para ellos, más nos escucharán. Europa, a través de este refuerzo tiene ahora una imagen positiva en Israel. La presión que se realizaba anteriormente nos dificultaba enormemente ser un interlocutor aceptado.”. Aseguraba también “puedes ser duro con tu hijo y no te escuchará, romperá la comunicación y rechazará todos tus consejos. En cambio, si eres comprensivo y buscas puntos en común, es posible establecer un diálogo”.
Tan sólo un día antes, Marc Otte, enviado especial de la UE para Oriente Medio sumaba su lectura de la situación, “La UE es una entidad abstracta formada por un conjunto de países y la suma de sus políticas exteriores. Desde la ampliación al Este, a la tradicional postura alemana de alineamiento con Israel se la ha unido toda una serie de países de visión atlantista y cercanía a Estados Unidos. No se tiende a Israel por Israel, sino por mayor acercamiento a la postura del gobierno norteamericano. Sin consenso no hay política exterior, y las posturas de cercanía a la causa palestina que existían en el pasado han pasado a ser neutralizadas por esta dinámica.
Mientras los gobiernos apuestan por reforzar lazos con Israel, el Parlamento Europeo, que ya votó a favor de la suspensión del Acuerdo Económico Preferencial con Israel en 2002, refuerza el concepto de condicionalidad y vinculación directa: “Vincular” y no sólo “desear”. Según Luisa Morgantini, vicepresidenta del Parlamento Europeo, “No se trata de castigar a Israel sino de ser coherentes con nuestras propias reglas, comenzando por el respeto a los derechos humanos, fundamental en todos los acuerdos de asociación de la Unión Europea con terceros países. Unos derechos humanos que continúan siendo violados sistemáticamente por las políticas israelíes hacia la población de los territorios palestinos ocupados”.
El Eurodiputado catalán, Raul Romeva reafirma esta lectura de la situación. “Personalmente considero que no estamos, ni de lejos, en el momento de re-establecer estas relaciones privilegiadas, dada la situación que vive la zona y que incluye el asedio de Gaza. En otras palabras, no veo motivos por revertir la decisión tomada por el Parlamento Europeo el año 2002 de pedir la suspensión del Acuerdo de Asociación. Personalmente me satisface muy este hecho y espero que envíe un mensaje claro a los actores de la región, especialmente Israel, de cara a comprender que si quieren establecer relaciones formales, hay ciertas prácticas y actitudes que conviene cambiar radicalmente.”